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Imagen: J Cruspinera |
Sin saber cómo, nuestra íntima libertad queda aislada, a merced de sí misma, reímos o lloramos –también– por nuestra ventura o nuestra desgracia intransferibles, y la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es intentar sacrificar este reducto en aras de una “prosperidad nacional”, porque ¿con qué mano va uno a combatir si no disponemos de ella plenamente?
Blas de Otero, Historias fingidas y verdaderas
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